Es necesario exigir libertad hoy

La historia de la libertad no es una marcha triunfal, sino una resistencia constante. Como toda gran causa, exige coraje, claridad moral y una comprensión firme de los principios que la sustentan. En tiempos de crisis, cuando las emociones colectivas oscilan entre el miedo, la indignación y la apatía, el liberalismo,  el verdadero, el que no busca favores ni otorga privilegios, sino que protege la autonomía individual y los límites del poder, parece flaquear ante los embates de quienes prometen seguridad a cambio de obediencia. Esta tensión entre libertad y poder, entre virtud ciudadana y coerción estatal, es tan antigua como la civilización misma. Hoy, cuando pandemias, populismos, guerras y polarización ideológica sacuden los cimientos de las sociedades abiertas, no sorprende que la defensa de la libertad requiera, más que nunca, lucidez y firmeza.

El artículo, sobre el que me refiero, asume la defensa del liberalismo inspirándose en el legado de Trenchard y Gordon, autores de las Cartas de Catón. A través de su lectura, se propone una reflexión sobre cómo rescatar y revitalizar la virtud cívica que sostiene a una sociedad libre. No se trata de una apología abstracta ni de un lamento nostálgico por un orden perdido, sino de una exploración concreta sobre qué exige hoy la libertad de sus defensores. Leer.

A continuación, destacamos cinco puntos esenciales:

1. Trenchard y Gordon comenzaron a redactar las Cartas de Catón, que aparecían semanalmente en el London Journal. Ahí, en lugar de criticar al sector privado o la dinámica del mercado, responsabilizaban al Estado por haber excedido sus funciones al involucrarse en maniobras especulativas.

2. Tomando como punto de partida las ideas de Hobbes, sostenían que los seres humanos están guiados por sus pasiones y que su naturaleza es esencialmente egoísta. Como afirmaba Catón, “cada hombre se ama a sí mismo más que a toda la humanidad”. Desde su perspectiva, los discursos religiosos o morales no pueden alterar ese egoísmo innato, por lo que la tarea consiste en encauzarlo hacia fines virtuosos.

3. El poder político desprovisto de restricciones transforma a los hombres en seres corruptos. Sostenían que el dominio arbitrario concentrado en unas pocas manos ha causado más muertes que todos los desastres naturales que ha sufrido la humanidad a lo largo de su historia.

4. Catón depositaba la responsabilidad de salvaguardar la libertad en los ciudadanos comunes, no en líderes supuestamente virtuosos. Trenchard y Gordon no promovían una ciudadanía sumisa y racional movida por un patriotismo idealizado, sino que defendían que cada persona debía actuar en defensa de sus propios intereses, proteger con firmeza sus derechos y destituir (represalia) a los gobernantes que abusaran de su poder. En línea con el pensamiento de Maquiavelo, consideraban que tanto la vigilancia constante como la disposición a la represalia son instrumentos esenciales para preservar la libertad legítima.

5. Muchas personas se adelantan a declarar el ocaso del liberalismo. Sin embargo, en lugar de insistir en elegías melancólicas, sería mucho más útil concentrarnos en fomentar una virtud cívica centrada en la libertad. No se trata solo de transformar el presente, sino de sentar las bases culturales y morales que garanticen la continuidad de la libertad para las futuras generaciones.

El artículo tiene una doble intención: por un lado, recuperar el legado de las Cartas de Catón como ejemplo vigoroso de resistencia intelectual frente a los excesos del poder. En contraste con el conformismo de los discursos oficiales y la ilusión de soluciones tecnocráticas, aquí se defiende una idea de libertad que descansa en la sospecha hacia el poder, en la iniciativa individual y en la necesidad constante de vigilancia ciudadana. Desconfiar, resistir y exigir límites no es un capricho ideológico, sino una urgencia moral. La libertad se extingue por la resignación de los que deberían defenderla. Esa es la advertencia, tan incómoda como actual, que Catón nos legó. Y es también el desafío que deben asumir quienes aún creen que la libertad merece ser sostenida, incluso cuando hacerlo resulta impopular o difícil de hacer.

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