Peligra la libertad individual 

El Índice de Libertad Humana 2025, elaborado por los institutos Fraser y Cato, vuelve a poner sobre la mesa una medición amplia y sistemática de la libertad entendida como la ausencia de restricciones coercitivas, utilizando 87 indicadores que abarcan tanto libertades personales como económicas en áreas que van desde el Estado de Derecho hasta la libertad de comercio y expresión. Con más de dos décadas de datos comparables, el informe permite observar tendencias de largo plazo y, en esta edición, confirma un hecho inquietante: a cuatro años de la pandemia, los niveles globales de libertad aún no logran recuperarse plenamente. Leer.

Al respecto, destacamos lo siguiente:

1. El progreso de la libertad suele ser gradual, pero su deterioro puede acelerarse de forma abrupta, como ocurrió tras la crisis financiera y, especialmente, durante la pandemia, cuando el índice global cayó de 6,97 en 2019 a 6,72 en 2021 antes de una recuperación parcial  .

2. Existe una fuerte interdependencia entre libertades económicas y personales, ya que la capacidad de actuar en el ámbito económico amplía el margen para ejercer otras libertades individuales.

3. La distribución de la libertad es profundamente desigual: apenas el 13,8% de la población mundial vive en los países más libres, mientras que cerca del 40% se encuentra en los menos libres.

4. Las diferencias entre países son marcadas, con jurisdicciones como Suiza, Dinamarca y Nueva Zelanda liderando el ranking, mientras otras permanecen en condiciones de severa restricción.

A la luz de estos datos, la evidencia sugiere que la libertad no solo es frágil, sino también acumulativa: cuando se restringe en un ámbito, tiende a erosionarse en otros, y cuando se expande, genera condiciones para mayor prosperidad y autonomía individual. De ahí que los retrocesos observados no sean meros accidentes coyunturales, sino el resultado de decisiones institucionales que amplían el poder coercitivo y reducen el espacio de acción de las personas. Recuperar los niveles perdidos implica, en última instancia, revertir esas restricciones y volver a situar al individuo, y no a las estructuras de control, el centro del orden social. 

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